Se nos enseña a vivir cuando nuestra vida ya ha pasado.
Cien escolares han tenido el mal venéreo antes de haber llegado a estudiar el tratado de la Templanza, de Aristóteles.
Decía Cicerón que, aun cuando viviera la existencia de dos hombres, no perdería su tiempo estudiando los poetas líricos. Considero yo a nuestros tristes ergotistas como mucho más inútiles.
Nuestro discípulo tiene mucha más prisa; a la pedagogía no debe más que los quince primeros años de su vida, el resto pertenece a la acción.
Empleemos aquel tiempo tan reducido sólo en las instrucciones necesarias; apartemos todas esas sutilezas espinosas de la dialéctica, de que nuestra vida no puede sacar ningún prevecho; hagamos sólo mérito de los sencillos discursos de la filosofía, sepamos escogerlos y emplearlos oportunamente son tan fáciles de comprender como un cuento de Boccacio; están al alcance de un niño recién destetado: más a su alcance que el aprender a leer y a escribir.
La filosofía encierra máximas lo mismo para el nacimiento del hombre que para su decrepitud.
No hay dudas, el pelado la tenía atada.
dimanche, octobre 29, 2006
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